Bajo la sombra de los árboles.
En esta imagen la naturaleza me recuerda que no todo en la vida tiene que avanzar con la velocidad de mis preocupaciones.
Veo el sendero y pienso en mi propia existencia. Ninguno de los árboles llegó a ser grande de un día para otro. Cada uno necesitó estaciones de lluvia y de sequía, años de crecimiento silencioso, raíces extendiéndose en la oscuridad antes de elevarse hacia la luz. Del mismo modo, las transformaciones más importantes de mi vida han ocurrido así: despacio, lejos de los aplausos, casi invisibles.
Las personas que caminan al fondo parecen pequeñas frente a la inmensidad del bosque urbano. Sin embargo, no percibo en ello una disminución de la condición humana, sino una reconciliación. Contemplar la naturaleza como un escenario para mis actividades; esta imagen me invita a verla como una realidad más antigua y más paciente que yo. Los árboles no están aquí para servirme: yo soy apenas un visitante bajo su sombra.
Hay algo profundamente humano en estos caminos. Un sendero es una invitación a avanzar, pero también a hacerlo sin conocer por completo lo que encontraré más adelante. La vida se parece a esta avenida arbolada: veo unos cuantos metros delante de mí, mientras el resto permanece oculto por la distancia y la luz. Sin embargo, sigo caminando.
También advierto que la belleza de este lugar no proviene de un solo árbol. Surge de la convivencia. Cada tronco ocupa su espacio, cada copa busca su porción de cielo, y aun así forman juntos una comunidad vegetal que ofrece sombra, refugio y frescura. Pienso entonces que los seres humanos alcanzamos nuestra mejor expresión no cuando competimos por sobresalir, sino cuando contribuimos a crear un entorno donde otros también puedan crecer.
Al contemplar esta escena, me nace una gratitud serena. Comprendo que la naturaleza no me exige productividad, éxito ni reconocimiento. Me ofrece algo más sencillo y más profundo: la posibilidad de estar presente. Bajo estos árboles imaginarios, siento que puedo abandonar por un momento la urgencia de llegar y recuperar el arte, tan olvidado, de simplemente caminar.

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