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Mostrando las entradas de mayo 31, 2026

La mañana lluviosa.

Despierto sin sobresalto, como si la propia lluvia hubiera sido quien apagara con delicadeza el interruptor de mi sueño. No la luz, no el ruido de la ciudad, sino ese rumor continuo, de agua que cae sobre los techos, sobre las hojas de los árboles que aún no he visto pero sé que están ahí, al otro lado de la ventana. Es un sonido que parece llenarlo todo, y sin embargo, lo que hace es crear un vacío a su alrededor: el silencio de las cosas que esperan, detenidas bajo la lluvia. Me quedo un momento en la cama, escuchando. La lluvia no es igual en cada superficie: en el alféizar repiquetea con urgencia; en la tierra, supongo, caerá con un susurro apagado, de beso que se ahoga. Y pienso que la lluvia tiene esa virtud: nos devuelve la capacidad de escuchar, esa atención plena que la vida cotidiana nos roba entre notificaciones y prisas. Llueve, y el mundo se reduce a lo que cabe en el marco de una ventana. Lo demás, el ruido de fondo de la existencia, se desvanece. Me levanto despacio, sin...